“Todo eso envejecerá en la puesta de la creación:
el ojo volverá a ser ojo; el tacto, tacto; la nariz,
éter de eternidad en el descubrimiento incesante”.
(Carta a Huidobro, G. Rojas)
La problemática que nos plantearemos en el presente ensayo, se aboca a la determinación y posterior análisis de un posible desarrollo cronológico y estético del lenguaje poético utilizado por Vicente Huidobro a partir de la selección de algunas de sus obras líricas representativas, que pretenden abarcar los distintos momentos creativos del autor, que van desde sus primeras aproximaciones a una poética creacionista, como se observa en su obra Adán (1916), pasando por una etapa de maduración formal de su propuesta vanguardista, representada por Altazor (1931), hasta llegar a una última etapa de autocrítica y reflexión teórica en torno a sus estrategias líricas y logros estéticos alcanzados, en este caso, a partir del manifiesto Total (1933) y de Últimos poemas (1948); todo esto, en el contexto de las vanguardias chilena y europea de las primeras décadas del s. XX.
Aunque potencialmente la pregunta que nos plantearemos no arrojará (ni pretendemos que arroje) respuestas concluyentes o definitorias, consideramos que cuestionar la función que le brinda el poeta al lenguaje como estrategia discursiva y medio de cristalización de una propuesta estética se torna necesario ante la tarea de comprender su obra, sobre todo en un aspecto más bien descuidado por la crítica hasta hoy. El creacionismo huidobriano, como intentaremos revisar, entendería la manifestación lírica y artística en su conjunto, como la (re)presentación de una realidad otra, capaz de entregar al lector un mundo desplegado en donde las relaciones menos convencionales o forzosamente motivadas se reúnen para ofrecer estructuras novedosas de expresión. Tratar de entender la relación que establece el poeta ante su lenguaje nos parece esencial para capturar de forma más completa el sentido global de su obra. En esa línea, preguntarse si la realidad es la que determina la capacidad creativa del poeta o, por el contrario, si es el lenguaje del poeta el que limita la realidad referida, se vuelve interesante en la medida que permitiría al lector acceder a sus obras desde una perspectiva discursiva y fenomenológica que acerca el sentido de la obra a su estructura y disposición. Nuestra pregunta inicial, que parecería tan baladí si se leyera como la paradoja del huevo o la gallina, adquiere trascendencia si entendemos que esa relación intrínseca entre ‘palabra y creación’ resulta ser el cimiento de la propuesta creacionista de Huidobro, que va más allá – como creemos - de lo meramente discursivo o lo lingüístico. Digámoslo ya: quisiéramos determinar si la palabra creativa (onomatésica) en Huidobro pretende mostrar realidades nuevas para la experiencia poética, que van más allá de la descripción de la realidad conocida para pasar a ser la realidad referencial a la que el hablante y su mundo pertenecen.
El lenguaje poético de Huidobro que, como veremos, sufriría enormes variaciones desde la publicación de sus primeras obras y hasta el ocaso de su producción, buscó vincular dos realidades aparentemente opuestas, proponiendo imágenes de novedosa construcción. En relación con el cubismo literario, Huidobro entiende que su propuesta poética es “un arte de concepción, que puede elevarse hasta la creación”[1], y sin duda que nuestro poeta aspita a esto último. Para intentar explicar este desarrollo temático y lingüístico, manifestado en cada uno de sus poemarios, revisaremos la función discursiva y creativa que se le otorga al lenguaje a modo de aproximación fenomenológica a un lenguaje onomatésico, en relación con la finalidad del lenguaje y sus mecanismos de representación dentro de los poemas.
Intentaremos demostrar que la palabra en Huidobro, el logos huidobriano, alcanzada ya su madurez, no sería sino la aspiración a un Logos divino, de un saber universal e inequívoco, totalizante y absoluto respecto al mundo. Para ello, recurriremos a tres etapas teóricas del lenguaje, relacionadas todas con la capacidad de crear realidades, que pasamos a desarrollar de inmediato.
En términos generales, se debe recordar que el logos divino, como principio creativo, se manifiesta incluso antes del hombre, cuando todo era silencio. Este lenguaje original es capaz de “crear la realidad” mediante el uso de la palabra, de manera que el acto ilocutivo es a su vez perlocutivo en tanto acción y configuración de la esencia de las cosas. Esa capacidad de ‘decir-hacer’ (onomatesis original), primitivamente de propiedad exclusivamente divina, le fue regalada por Dios a Adán para que nominara el mundo recién creado. Pero luego de la expulsión del paraíso, el lenguaje se transformó en simple referencialidad, significante si significado (onomatesis perdida), sin capacidad creativa, pues ya nada podía ser nominado. El hombre, entonces, debe buscar un nuevo lenguaje para re-significar el mundo, (onomatesis buscada) y se transforma en poeta, que encuentra nuevos significados para los antiguos significantes[2].
Lo que propondremos, es que Huidobro pasaría por estas tres etapas en los diferentes momentos de producción, pero intentando alcanzar una cuarta, en la que el poeta, aspirando a la capacidad onomatésica divina, decide liberarse de la realidad original y emprende la tarea de crear nuevas realidades con sus propios significantes y a través de su propio lenguaje (onomatesis encontrada). Analicemos este esquema por etapas.
‘Al principio fue l Verbo’: Onomatesis original
La onomatesis original se refiere a la capacidad que es otorgada por Dios para que el hombre la utilice, nominando y dando significado a la creación. Vico indica que “este primer lenguaje fue según la naturaleza de las cosas, cual debió ser la de Adán, a quien Dios concedió la divina onomatesis o imposición de nombres a las cosas según la naturaleza de cada una de ellas.”[3]. Esta capacidad es posible de llevar a cabo porque aún existe unidad entre el hombre, la naturaleza y Dios: aún el sujeto no se entiende como individuo, sino como un elemento más configurador de la realidad y del mundo.
Al respecto, Vico nos dice que “en aquellos tiempos religiosos, por aquella propiedad eterna, según la cual a las religiones les es más necesario ser meditadas que habladas; esta lengua primera debió empezar en los tiempos mudos de las naciones, como se ha dicho en los Axiomas, por medio de signos, actos u objetos, que tuvieran alguna relación natural con las ideas”[4]. El signo lingüístico es original y creativo, pues en él significado y significante se relacionan de manera natural y no convencional. El lenguaje designa al mundo en la medida que el sujeto lo nombra. En términos del constructivismo de Wittgenstein[5], el sujeto es en y con el mundo, sin consciencia de “yo”. Dios, Naturaleza y Hombre son aun indivisibles. Huidobro presentaría, de forma explícita, alusiones a este fenómeno y se insertaría en esta etapa originaria del lenguaje de Adán. El más explícito sería el siguiente verso «Creé la lengua de la boca que los hombres desviaron de su rol, haciéndola aprender a hablar... a ella, ella, la bella nadadora, desviada para siempre de su rol acuático y puramente acariciador.», pero existen numerosos ejemplos:
¡Silencio! ¡Soledad! Vasto silencio
de las llanuras muertas,
solemnes y desiertas
largamente tendidas bajo el otro
silencio enorme de los cielos graves
cobijadoramente luminosos.
de las llanuras muertas,
solemnes y desiertas
largamente tendidas bajo el otro
silencio enorme de los cielos graves
cobijadoramente luminosos.
(versos 210-218)
O en la siguiente estrofa:
Adán como el que despierta de un gran sueño
atónito miraba el universo,
y como si acabara de surgir de la tierra
olía todo a ella;
estaba saturado de yerbas
y parecía que su cuerpo
enorme, fuerte y suelto,
de fibras de árbol fuera hecho.
¡Creeríase ver en sus carnes nudosas
una vacilación entre ser hombre y ser roca!
atónito miraba el universo,
y como si acabara de surgir de la tierra
olía todo a ella;
estaba saturado de yerbas
y parecía que su cuerpo
enorme, fuerte y suelto,
de fibras de árbol fuera hecho.
¡Creeríase ver en sus carnes nudosas
una vacilación entre ser hombre y ser roca!
(versos 219 – 228)
El hablante lírico, adoptando la forma de Adán, siguiere la necesidad de apropiarse de un lenguaje onomatésico, el cual utiliza como estrategia de configuración de su mundo interior y de su contexto poético. El logos huidobriano emula el logos adánico, apropiándose de la palabra creadora:
Y Adán habló, y el hombre puso palabras
en todas partes donde antes callaba,
en donde siempre estuvo silencioso,
donde sólo se oían los grillos sonoros.
¡La Tierra santa de paz y de calma
oyó en éxtasis la primera palabra
y quiso acogerla para eternizarla!
en todas partes donde antes callaba,
en donde siempre estuvo silencioso,
donde sólo se oían los grillos sonoros.
¡La Tierra santa de paz y de calma
oyó en éxtasis la primera palabra
y quiso acogerla para eternizarla!
(versos 403 – 410)
Esta misma apropiación se produce en los dos primeros cantos de Altazor, aunque en este caso, el hablante lírico se distanciará cada vez más del logos original. Veamos algunos ejemplos:
Siglos que se balancean en mi canto
Que agonizan en mi voz
Porque mi voz es sólo canto y sólo puede salir en canto
Con su propio lenguaje de semilla
Tu frente luminosa como un anillo de Dios
Más firme que todo en la flora del cielo […]
Tengo esa voz tuya para toda defensa
Esa voz que sale de ti en latidos de corazón
Esa voz en que cae la eternidad […]
Tu voz hace un imperio en el espacio
Y esa mano que se levanta en ti como si fuera a colgar soles en el aire
Y ese mirar que escribe mundos en el infinito […]
En este caso, observamos cómo el hablante lírico se apropia de un lenguaje germinal, pero además con la consciencia de que a través de él puede crear el universo, por imposición divina.
‘El Significante vacío de Significado’: Onomatesis perdida
La segunda etapa, se refiere al momento en que el hombre pierde la capacidad creativa, básicamente porque ya no hay nada sin su logos, nada más que nominar. El sujeto ahora se reconoce como tal, como individuo, y su unidad con Dios y con la Naturaleza se ha perdido irreparablemente. Reniega de la realidad, pero aún no del lenguaje. Por eso, su lenguaje está vació de significación, es solo referir a una realidad ya creada. La onomatesis está perdida y el lenguaje es el puro significante sin significado. Para Vico, este “lenguaje de los poetas teólogos, fue una lengua fantástica hecha con substancias animadas, de carácter divino la mayor parte.”[6] (Vico, p. 47-48).
En los siguientes cantos de Altazor, es posible evidenciar este momento creativo, desde el Canto III, en el que se produciría el primer impulso realmente creacionista, mediante la voz del hablante lírico, pues con él se intenta por primera vez recuperar el lenguaje onomatésico ya perdido, entregado por Dios, para nominar la naturaleza. Altazor busca fundamentalmente un lenguaje ''otro'' que designe (que cree) otra realidad. Sin embargo no lo encuentra en este canto... Es, sin embargo, el momento de la ruptura, el punto de inflexión donde el poeta asume que debe hacer algo nuevo. La manifestación de este logos perdido lo encontramos en el siguiente verso: “Mientras vivamos juguemos/ El simple sport de los vocablos/ De la pura palabra y nada más / Sin imagen limpia de joyas / Las palabras tienen demasiada carga / Un ritual de vocablos sin sombra / Juego de ángel allá en el infinito / Palabra por palabra”. Además se evidencia, por ejemplo, en los siguientes versos:
Y el avión trae un lenguaje diferente
Para la boca de los cielos de siempre.
Romper las ligaduras de las venas…
Romped romped tantas cadenas…
Cortad todas las amarras.
Y todo lo que dice es por él inventado
Cosas que pasan fuera del mundo cotidiano
Matemos al poeta que nos tiene saturados
El nuevo atleta salta sobre la pista mágica
Jugando con magnéticas palabras
Todas las lenguas están muertas
Muertas en manos del vecino trágico
Hay que resucitar las lenguas.
Rumor aliento de frase sin palabra
(Canto III)
El último verso citado, que finaliza el canto, es la manifestación de la insuficiencia del lenguaje, del reconocimiento de un logos vacuo y sin sentido, lo que intentará resolver en los siguientes cantos, como veremos,
‘Indagación Creacionista’: Onomatesis buscada
Este hombre poeta, que intuye la inutilidad creativa de su lenguaje, desea volver a construir, a crear, y trata de volver a nominar las cosas con un nuevo lenguaje, pero el poeta asume que no puede crear nada si sigue utilizando la lengua otorgada por Dios, como sucede en el canto IV de Altazor, en donde “comienza el campo inexplorado”. El poeta sabe que no puede crear nuevas realidades si utiliza el mismo lenguaje originario, que se le presenta ahora desgastado e inútil. Vico indica que “los primeros poetas hubieron de dar nombre a las cosas con las ideas más particulares y sensibles; ambas son las dos fuentes de la metonimia y de la sinécdoque… porque no sabían abstraer las formas y cualidades de los sujetos”[7] El sujeto reniega de la pérdida y quiere volver a crear con el lenguaje. El poeta, finalmente intenta crear un nuevo lenguaje (figurativo, trópico) para resignificar la realidad preexistente. El Canto IV y V nos evidencian esta búsqueda:
Entonces yo sólo digo…
Porque si no la palabra que viene de tan lejos
Se quiebra entre los labios…
Digo solamente
Adiós hay que decir adiós
Adiós hay que decir a Dios
Entonces el huracán destruido por la luz de la lengua
Se deshace en arpegios circulares
Desechar el antiguo lenguaje, en la búsqueda de un logos renovado, será la temática del canto V de Altazor. El poeta entiende que para crear una nueva realidad debe crear un nuevo lenguaje. Ahora el lenguaje vuelve a ser creativo, pero su incipiente construcción sigue designando la misma realidad.
Aquí yace Altazor azor fulminado por la altura
Aquí yace Vicente antipoeta y mago
El pájaro tralalí canta en las ramas de mi cerebro
Porque encontró la clave del eterfinifrete
Rotundo como el unipacio y el espaverso
Uiu uiui
(Canto V)
‘Huidobro Poeta-Dios’: Onomatesis encontrada
Este viaje poético por las capacidades del lenguaje, probablemente defraudó a Huidobro, porque hasta ahora su vos lírica no había sido capaz de extraerse del lenguaje preexistente ni menos dejar de designar una realidad ya creada. Para configurar otro logos original, debe crear una nueva realidad, lo que intenta en los cantos VI y VII, buscando transformarse en un poeta-dios, donde el poeta es a su vez el sujeto creador y creado. Lo que Vico indica es sumamente revelador, y permite explicar los últimos cantos de Altazor, pues nos dice que “no hay lengua, por rica que sea, que no tenga menos voces que cosas a expresar. Es necesario, por tanto, que la lengua heroica fuese sumamente confusa”[8]. El sujeto lírico se encuentra en estrecha relación con la realidad. No quiere decir necesariamente que mancomune con ella, pero sí se sabe inexorablemente preso de ella.
La perspectiva “constructivista” que emana de los primeros manifiestos creacionistas, se muestra en Últimos poemas con una percepción mucho más “cognitivista”, en la medida que se entiende que la realidad se prefigura antes que el sujeto y no a la inversa. Así, nos encontramos con un hablante mucho más comprehensivo de la realidad, pero por lo mismo más resignado a su suerte en le mundo: a la muerte, al amor, a la tristeza y alegría, a la compleja configuración vital de las experiencias.
Para Huidobro, el lenguaje hasta entonces empleado ya no es suficiente, porque sigue siendo el lenguaje entregado por Dios a los hombres. La realidad tampoco es suficiente, porque no entrega elementos nuevos para nombrar y designar. El poeta se ve en la obligación de crear una nueva realidad y un nuevo lenguaje para designarlo. El poeta se ha convertido entonces en un “pequeño Dios”.
Señor cielo
cristal cielo
Y las llamas
y en mi reino
Ancla noche apoteosis
(Canto VI)
Al aia aia
ia ia ia aia ui
Tralalí
Lali lalá
Aruaru
Urulario (Canto VII)
Bibliografía Consultada
Neghme Echeverria, Lidia: Vicente Huidobro: Su obra vanguardista inicial, en Hispanic Review, Vol. 60, No. 3 (Verano 1992), pp. 285-299 (el artículo consta de 15 páginas) University of Pennsylvania Press.
Shopf, Federico: Introducción a Vicente Huidobro. Consulta por Internet. http://www.vicentehuidobro.uchile.cl/ensayo_federico_schopf.htm
Auerbach, Erich: Figura (Prólogo de J.M. Cuesta Abad), Mínima Trotta, Madrid, 1998.
Corripio, Fernando: Diccionario de Ideas. Herder, Barcelona, 1985.
De Costa, René (ed.): Vicente Huidobro y el Creacionismo. Taurus. Madrid, 1975.
Ferrater Mora, José: Diccionario de Filosofía, Tomo II. Sudamericana, Buenos Aires, 1969. Recurso electrónico:
Ferraz Fayos, Antonio: ‘Noético’, ‘Noema’, en Zubiri: El realismo radical, Cincel, Madrid, 1987. Recurso electrónico:
Huidobro, Vicente: Obras Completas. Ed. Andrés Bello. Santiago, 1976. Ed. Hugo Montes. Volumen I.
La Santa Biblia: Antiguo y nuevo testamento. Antigua versión de Casiodoro de Reina (1569), revisada por Cipriano de Valera (1602) Otras revisiones: 1862, 1909 y 1960 Reina-Valera 1960.
Bernal, José Luis: Poesía creacionista, en La vanguardia en España. Ed. Cric&OPhrys, Javier Pérez Bazo (Ed.)
Vico, Giambattista: Principios de una Ciencia Nueva sobre la Naturaleza
Común de las Naciones (1725). Ed. Orbis. Trad. Y notas de J. M. Bermudo. Barcelona, 1985.
Común de las Naciones (1725). Ed. Orbis. Trad. Y notas de J. M. Bermudo. Barcelona, 1985.
Wittgenstein, Ludwig: Tractatus logico-philosophicus. Traducción de Jacobo Muñoz e Isidoro Reguera; Alianza. Madrid, 1987.
___________________: Investigaciones filosóficas. UNAM. México, 1988.
[1] Apollinaire, Guillaume: Meditation Esthétiques. Herman; París, 1980, p. 67.
[2] Cf. Vico, Giambattista. Scienza Nuova; 1985.
[3] Vico, Giambattista; Op. Cit. p. 47.
[4] Ibíd. p. 48.
[5] Cf. Wittgentein, Investigaciones Filosóficas.
[6] Vico, Op. Cit. P. 48.
[7] Vico. Op. Cit. p. 53 – 55.
[8] Vico. Op. Cit. p. 92